La extracción de agua altera el suelo y el drenaje
Los hundimientos del suelo en la Ciudad de México, que alcanzan hasta 40 centímetros en algunas zonas, agravan los problemas de drenaje y aumentan los riesgos de inundación durante las lluvias intensas. El maestro Miguel Ángel López, académico del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana (IBERO), explicó que la extracción de agua subterránea compacta el terreno, modifica las pendientes de las tuberías y puede provocar fracturas en las redes hidráulicas.
El especialista recordó que la capital se desarrolló sobre una cuenca cerrada, con antiguos lagos y suelos arcillosos que retienen el agua. Actualmente, alrededor de 70 por ciento del abastecimiento de la ciudad proviene de pozos profundos, mientras que el resto llega del Sistema Lerma-Cutzamala. Al extraer el agua que ocupa los espacios entre las partículas del subsuelo, disminuye el soporte del terreno y se produce su compactación. Como muestra de la magnitud del fenómeno, López señaló que la escalinata del Ángel de la Independencia presenta una diferencia de más de dos metros respecto de su nivel en la inauguración del monumento, en septiembre de 1910.
Los efectos también alcanzan a las redes de drenaje, que funcionan por gravedad y necesitan conservar una pendiente adecuada para conducir el agua. Cuando el terreno se hunde de manera desigual, la inclinación puede cambiar o invertirse, lo que genera contrapendientes y estancamientos. A ello se suma el deterioro de tuberías antiguas, que pueden fracturarse por los movimientos del suelo y los sismos. Durante las precipitaciones intensas, las fallas de infraestructura y las coladeras obstruidas dificultan todavía más el desalojo del agua.
Para reducir el problema, López consideró indispensable controlar la extracción de agua subterránea y disminuir el consumo de agua potable. Entre las alternativas mencionó captar lluvia, tratar y reutilizar aguas residuales e instalar dispositivos ahorradores en las viviendas. El agua pluvial recolectada y filtrada, por ejemplo, puede aprovecharse para descargar sanitarios o regar plantas, aunque no necesariamente es apta para beber. También planteó que los programas públicos faciliten la incorporación de estas tecnologías.
El académico agregó que las autoridades deben impulsar la rehabilitación de las redes hidráulicas, mantener limpias las coladeras y revisar que los nuevos desarrollos cumplan con las normas y los estudios de factibilidad de agua potable y drenaje. Además, señaló que la planeación urbana debe considerar los usos de suelo y los mapas de riesgo. La ciudadanía también puede contribuir al evitar arrojar basura en las calles, pues los residuos obstruyen el drenaje y favorecen los encharcamientos. El mantenimiento, subrayó, debe realizarse antes de la temporada de lluvias, no únicamente cuando ya comenzaron las inundaciones.








