Ricardo La Volpe es un personaje tan amado como odiado en México. Para el fan casual, es solo un tipo rudo, con cosas que decir, pero para los estudiosos del deporte, el entrenador argentino es una revolución táctica que conquistó el mundo.
Mientras que los aficionados miran el resultado o las apuestas online para adivinar quién ganará el partido, los analistas técnicos miran la geometría del campo. Es ahí donde el legado de La Volpe se hace innegable, revolucionando la forma en que los equipos arman sus ataques desde la portería.
Su impacto revolucionó los manuales de entrenamiento actuales. Lo que hoy es una práctica común en los mejores clubes de Europa hace 20 años era una rareza observada con sospecha en el fútbol mexicano.
La geometría que enamoró a Guardiola
La idea principal de su filosofía es lo que internacionalmente se conoce como la salida lavolpiana.
Cuando el portero tiene el balón, los dos centrales se abren casi hasta la línea de banda, lo que obliga al pivote a replegarse entre ellos, creando una línea de tres provisional. Esta superioridad numérica en la base posibilita que los laterales liberen su posición defensiva y se sumen al ataque como extremos, saturando el campo contrario.
Esta invención no pasó desapercibida para una de las mentes más brillantes de la historia. Guardiola se retiró como jugador en un modesto equipo de México llamado Dorados de Sinaloa para empaparse de estos principios. El preparador catalán quedó asombrado de esa audacia para sacar el balón jugado y años después, Guardiola la pulió en el Barcelona del sextete, admitiendo públicamente que muchas de sus ideas sobre cómo edificar juego las aprendió viendo al Tri del Mundial 2006 y a los clubes del “bigotón”.
La estética sobre el trofeo
La eterna discusión sobre La Volpe siempre es sobre si funciona o no; algunos se apoyan en que sus estanterías están vacías para lo espectacular que es su juego, pero para la escuela lavolpista, ganar es una consecuencia, no un fin en sí mismo. Hay una especie de búsqueda artística en la forma en que el equipo juega. Prioridad: protagonismo con el balón, arriesgar, nunca renunciar al ataque, aunque eso suponga quedar vendido atrás.
Esta visión romántica choca con la de otros entrenadores más pragmáticos, para los que el fin justifica los medios. Los equipos de La Volpe se recuerdan más por cómo jugaron que por lo que ganaron. La selección mexicana de 2005 y 2006 es el ejemplo, pues desplegó un fútbol vistoso y avasallador que le valió reconocimiento mundial, pero no pudo romper la barrera de los octavos de final.
Un apellido que continúa en los banquillos
El efecto de esta corriente no queda en su autor por el hecho de que la Liga MX está llena de estrategas egresados de esta escuela. Entrenadores exitosos como Miguel Herrera reconocen la influencia de La Volpe en su desarrollo táctico.
El estilo agresivo, los carrileros profundos y la obsesión por el buen trato de la pelota son sellos que permanecen en el fútbol azteca gracias a sus pupilos y que esperamos ver en el partido de México vs Portugal, que ya ha agotado sus entradas.








