De nueva cuenta el pueblo de San Andrés Mixquic, en la alcaldía Tláhuac, se convirtió en el epicentro de las celebraciones del Día de Muertos en la Ciudad de México.
Este domingo, desde muy temprano, decenas de familias ingresaron con cubetas de agua, ramos de cempasúchil y otras flores para alistar las tumbas; todo para recibir la visita de sus fieles difuntos.
Este año fue especial por el concurso de decoración. Daniel Romero y su familia utilizaron un bastidor de madera para crear una lápida de dos niveles: en el primero se recreó una pirámide y un lago que simbolizó el Mictlán; en el segundo la ofrenda y, entre ambos, hilos con cempasúchil y luces que representaron la conexión con el inframundo.
Gracias a su experiencia como arquitecto obtuvieron el primer lugar y un premio de cinco mil pesos. Sin embargo, señaló que lo mejor fue el trabajo en familia:
“Hay mucha gente. Se está poniendo bonito, hay mucho extranjero, hasta ahorita que ya están decoradas las tumbas se ve más ambientado todo”
“Es un lugar de mucha tradición y es muy bonito, o sea todo el recorrido. Sí hay mucha gente, pero creo que es algo diferente que tenemos en la ciudad”, declaró a 88.9 Noticias.
Cabe mencionar que este panteón cuenta con cerca de 10 mil tumbas y muy pocos centímetros de senderos, por lo que recorrerlo es todo un reto. Incluso, algunas crecieron en altura porque guardan los restos de hasta seis familiares.
Mixquic abre sus puertas
Durante el 1 y 2 de noviembre, las calles aledañas de la parroquia de San Andrés Apóstol se convierten en una romería donde encuentras todo tipo de antojitos y artesanías, pero en los últimos años, pensando en el incremento de turistas extranjeros, se instalan puestos de pintacaritas y cartonería de enormes catrinas con personajes populares donde la gente posa para la mejor selfie; además de un sinnúmero de puestos “chelas”.
Lo que se mantiene intacto son las majestuosas ofrendas. Las familias abren las puertas de sus hogares para invitar a los transeúntes a conocer un poco de sus antepasados y, de paso, a ofrecerles un tamal, una fruta, café o cualquier otra bebida.
Sergio Rangel, y su esposa, Marilú, quienes viven en la calle Insurgentes, reconocieron que si bien cada año es más costoso armar el altar –en su caso fue de 2 mil pesos–, todo vale la pena por honrar a sus seres queridos:
“Todos, todos, en el pueblo de Mixquic tienen su ofrenda. Hace rato vinieron unas chicas de París (y nos dijeron) que está muy bonito y que son tradiciones muy bonitas […] hasta les invitamos un tequila”, dijo entre risas Sergio.
“Esto es algo significativo que les ponemos a nuestros seres queridos porque ellos en vida nos dieron más; entonces, es algo o poco que nosotros pudimos ofrecerles, porque al rato nosotros también vamos a partir y pues igual, que se acuerden de nosotros y nos pongan algo”, agregó la señora.
La “alumbrada” marca el fin
Después de dos días de convivencia entre vivos y muertos, cerca de las 18:30 horas, cuando la noche comenzó a caer, las familias encendieron miles de velas de sus tumbas para la “alumbrada”, el momento más espectacular del festejo, cuando los habitantes de Mixquic se despiden con el repique de las campanas las almas de sus fieles difuntos que regresan al “más allá” con la ilusión de volver el próximo año.
La magia del Día de Muertos ha atrapado a viajeros de Japón, China, Francia y Alemania, por mencionar a algunos. Kendra llegó de San Diego, Estados Unidos para vivir la experiencia al máximo, pues confesó que ahora le gusta más que Halloween.
“El Día de Muertos es mejor porque no hay una conexión grande en Halloween, en Estados Unidos. (Además) es una celebración más saludable, es muy divertida y tradicional”, afirmó.
La alcaldía Tláhuac informó que, durante los cuatro días del Festival Internacional de Día de Muertos se registró una asistencia aproximada de tres millones de personas en los siete pueblos originarios.








