En un entorno marcado por incertidumbre económica, presión constante, hiperconectividad y transformación acelerada del trabajo, la salud mental comienza a convertirse también en un factor que impacta la productividad, la estabilidad laboral y la capacidad de las personas para mantenerse conectadas con su vida cotidiana.
Advirtió la aseguradora Zurich al dar a conocer su estudio “The Value of Mental Health”, en donde revela que en distintos países señala que una persona que vive con una condición de salud mental puede perder entre 60 y 67 días de vida saludable al año.
Además, destaca que el principal impacto económico no proviene únicamente del ausentismo laboral, sino de la desconexión prolongada del mercado laboral: personas que dejan sus empleos, enfrentan dificultades para reincorporarse o incluso nunca logran integrarse plenamente al mundo laboral.
En este sentido, alertó que el mayor costo de la salud mental no siempre se refleja en hospitales o presupuestos públicos, sino en la pérdida progresiva de bienestar, productividad y conexión con el entorno laboral y social.
De acuerdo con el estudio, los efectos de la salud mental también se extienden fuera de los sistemas formales de atención. Familias, cuidadores y entornos laborales absorben cada vez más presión emocional, económica y social, convirtiendo la salud mental en un desafío que impacta múltiples dimensiones de la vida cotidiana.
La aseguradora destacó que en el caso de México y con datos del Seguro Social, la carga de enfermedad por trastornos mentales y del comportamiento representa aproximadamente el 20%, afectando especialmente a personas jóvenes en etapas clave de desarrollo profesional y laboral.
A lo que se suman factores como el estrés financiero, las largas jornadas laborales, la incertidumbre económica y los cambios constantes en el entorno de trabajo. Incluso señaló que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social reconoce que factores de riesgo psicosocial como cargas excesivas de trabajo, ambientes laborales adversos o la falta de equilibrio entre vida personal y laboral pueden afectar significativamente la salud emocional de las personas.
Señaló que especialistas y organizaciones han comenzado a observar cómo fenómenos como la hiperconectividad, la presión por productividad constante y la dificultad para desconectarse emocionalmente del trabajo están modificando la relación de las personas con su bienestar y su vida laboral.
En este sentido consideró que la conversación sobre salud mental debe enfocarse a lo preventivo, centrado no sólo en atender crisis, sino en fortalecer resiliencia, generar redes de apoyo y promover entornos donde las personas puedan mantenerse conectadas con aquello que les brinda estabilidad, propósito y bienestar.



