Nueve títulos de serie mundial adornan las vitrinas de campeonatos de los Atléticos de Oakland, la tercer franquicia más ganadora en la historia de las ligas mayores, pero desde hace muchos años, esos títulos no son nada más que eso: adornos en las vitrinas.
La temporada de grandes ligas de 1989 fue la última en la que el equipo de Oakland se coronó, barriendo a los Gigantes de San Francisco en 4 juegos. Aquella Serie Mundial sería recordada por ser pospuesta, luego de que un terremoto afectara la costa oeste, el evento sería tan histórico, como la caída de los Atléticos.
Con el envejecimiento de su equipo y el surgimiento de estrellas como José Canseco y Mark McGwire, los A’s optaron por vender a sus estrellas y renovar su equipo, pero la renovación no sería fácil. Los Atléticos tuvieron problemas para hallar jugadores estelares y el equipo se volvió cada vez menos competitivo.
En 2001, los A’s cambiarían la historia. Al notar que era imposible competir contra los equipos multimillonarios, los Atléticos desarrollaron el “moneyball”, un sistema basado en las estadísticas más avanzadas del juego, en el que no buscaban solo peloteros capaces de batear, pero capaces de embasarse y generar carreras a como diera lugar. Así, los A’s revolucionaron el “viejo juego de pelota” y encontraron la manera de competir con los “gigantes” del deporte.
El “moneyball” rápidamente se esparció en la liga y aunque probó ser un modelo efectivo, la creación de los Atléticos, fue también su destrucción.
Los A’s comenzaron a enfocarse cada vez más en el desarrollo de jugadores que, sin ser espectaculares, podían ser estrellas del equipo y de las grandes ligas. La capacidad de estos peloteros para jugar béisbol era más que atractiva para el resto de equipos, quienes optaban por invertir millones en la compra de jugadores, quedándose así con la siembra que realizaban los A’s.
Los millones que recibía Oakland por sus jugadores fueron cada vez más, y el equipo lo convirtió en una práctica cada vez más habitual. Las jóvenes promesas de los Atléticos dejarían el equipo tan solo un par de temporadas después de su debut, convirtiendo al equipo cada vez menos competitivo y haciéndolo perdedor de su propio juego.
Los aficionados comenzaron a perder interés, afirmando que el cariño que tenían por el equipo, no había cambiado, pero que era inútil comprar una camiseta de sus jugadores favoritos o acudir al estadio, porque sabían que el equipo los vendería.
Estos son algunos jugadores que loa A’s han vendido y la marca de sus equipos:
-Matt Olson (Atlanta, 40-26)
-Sean Murphy (Atlanta, 40-26)
-Marcus Semien (Toronto, 37-31)
-Mark Canha (NY Mets, 31-36)
-Josh Donaldson (NY Yankees, 39-29)
-Matt Chapman (Toronto, 37-31)
Sin darse cuenta, los Atléticos vendieron un equipo competitivo. Esta temporada, los A’s son el peor equipo en las mayores, con un récord de 19-50 y tienen el peor promedio de asistencia, un registro de 9,000 aficionados por juego (ESPN).
A pesar de tener una de las aficiones más fuertes en grandes ligas, el Coliseo es un estadio cada vez más vacío, siendo el mal rendimiento del equipo, el principal motivo de las gradas vacías. Desde hace varios años, los aficionados han pedido a los dueños la construcción de un nuevo estadio, pero estos se rehúsan, afirmando que los aficionados no acuden a los partidos, por lo que un nuevo estadio sería desperdiciado.
Pero los aficionados de Oakland afirman que el cariño por el equipo no es la causa de su inasistencia, sino el mal manejo administrativo del mismo.
Las plegarias de los aficionados de conservar el equipo en Oakland no fueron suficientes y John Fisher, dueño de los Atléticos, ha decidido mover el equipo a Las Vegas, una vez concluida la temporada 2024, esperando que un nuevo estadio reviva la emoción por los A’s, sin darse cuenta que lo único que divide a la afición del equipo, es él.
Por Jaime Gómez Torres e imagen de Espacio Deportivo








