Los espacios abandonados, sucios o deteriorados pueden aumentar la percepción de inseguridad y favorecer conductas antisociales, según la teoría de las “ventanas rotas”.
Expertos de la IBERO explican que el descuido de un entorno refleja una fractura en los vínculos comunitarios y puede propiciar aislamiento, vandalismo y una menor convivencia vecinal. Por ello, la rehabilitación de espacios públicos es una estrategia clave para fortalecer el tejido social y prevenir la violencia.



