La Rosilla, Durango, es un apacible poblado rodeado de densos bosques de pinos y montañas, ubicado a unos 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar.
Es ideal para los amantes del senderismo y para quienes les gusta fotografiar increíbles paisajes. Sin embargo, de noviembre a febrero, los foráneos pueden experimentar un frío altamente peligroso.
De acuerdo con Rogelio Ayala, presidente de Guanaceví, cabecera municipal a la que pertenece La Rosilla, durante el invierno, cuando la nieve tapiza todo de blanco, las temperaturas máximas pueden ir de los 10 a los 12 °C, pero por las noches y madrugadas llegan a bajar en promedio hasta los -20 °C, por lo que es conocida como “La Congeladora de México”.
“Y lo más frío se da en enero, prácticamente. A mí me ha tocado estar cuando están a -20, pero hay registros de hasta -22 y llegas y está todo bien congelado: los charcos, el agua, los arroyitos congelados ya, como si hubiera nevado, todo el hielo”, describió en entrevista para 88.9 Noticias.
Pese a estas condiciones extremas, para esta comunidad serrana de poco más de 250 habitantes, el frío no es un pretexto para realizar sus actividades y se convierte en una forma de vida. Eso sí, sin la leña no podrían bañarse, cocinar o lavar sus enseres, pues el agua congelada rompe hasta las mangueras:
“La mayoría de la gente se prepara con suficiente leña, tienen sus estufas de leña […] Como que te llama la atención ver cómo ellos andan normal, eh, o sea, andan a lo mejor con un suetercito, sin problema. Están bien acostumbrados a ese clima”, dijo.
Solo se tienen dos escuelas para brindar educación básica y media, pero las niñas, niños y adolescentes son un ejemplo al no faltar a clases ni aunque estén bajo cero:
“Y esas escuelas que ahí tenemos, hasta prepa, porque ahí están tomando algunas clases también de preparatoria, de telesecundaria y de primaria y allá pueden ir perfectamente, con (temperaturas de) hasta -5 (grados), van todos los niños a la escuela sin problema y no les asusta”
“En los salones sí tienen un calentón, como te digo de leña, y casi toda la temporada ponen lumbre”, agregó.
El alcalde señaló que, si bien la principal actividad económica es la producción de madera, otros habitantes trabajan mineras y comercios de poblados cercanos, por lo que es vital darle mantenimiento a las vías de comunicación:
“Desde hace mucho tiempo estamos tratando de mantener caminos en buen estado para que no se queden incomunicados […] Tuvimos una motoconformadora para que fuera quitando el exceso de nieve del camino y poder hacer más rápido el tránsito para que pudieran pasar”, destacó.
En caso de una nevada extraordinaria, La Rosilla cuenta con un albergue para resguardar a toda la población.
Por otra parte, Rogelio Ayala reconoció que más allá del frío, los principales retos se deben a las constantes fallas en energía eléctrica y la falta de internet, pues solo el 14% de la población cuenta con conexión y computadora.
Estas limitaciones dificultan que La Rosilla forme parte de un corredor turístico en los límites de Durango y Chihuahua que integran zonas de cabañas, ranchos sinérgicos, minas coloniales, pinturas rupestres y aguas termales.



