El consumo temprano de alcohol, tabaco, drogas y vapeadores en menores y adolescentes repercute en la actividad cerebral, al reducir la conectividad neuronal y el desarrollo de la corteza prefrontal, la cual se encarga de la planeación, toma de decisiones o solución de problemas, así coincidieron especialistas en el webinar “Lo que el alcohol sí le hace a las y los menores: desarrollo cerebral y emociones”, organizado por el Consejo de la Comunicación Voz de las Empresas.
En el marco del Día de las Infancias, la investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, Maura Jazmín Ramírez, indicó que la ingesta de dichas sustancias puede ocasionar daños y problemas de adiciones de por vida para los niños y jóvenes, quienes aún se encuentran en una fase de neurodesarrollo.
“¿Qué es lo que sabemos?, el consumo de sustancias, principalmente estas drogas, van a ocasionar que se vulnere la actividad cerebral, ocasionando daños que pueden ser prolongados el resto de nuestra vida”.
El consumo comienza a una edad promedio de 10 años por la facilidad que tienen los menores de acceder a alcohol y tabaco en sus hogares, escuelas o entornos familiares. Las afectaciones en el aprendizaje, la memoria, habilidades motoras y funciones cognitivas complejas son las principales repercusiones, apuntó.
“Dos de las sustancias a las que niños, niñas y adolescentes están en mayor riesgo, porque también es más accesible el consumo, va a ser el alcohol y la nicotina, en forma de cigarro o vapeadores. Según la Encuesta Nacional de Salud, de 2020 a 2024 nos menciona una población de 10 a 17 años con una prevalencia de consumo de alcohol de 14%”
También, el comportamiento de menores y adolescentes se transforma con dichas sustancias, principalmente el alcohol, por ejemplo problemas de impulsividad, desinhibición, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, lo que también puede derivar en problemas de salud mental o emocionales como ansiedad y depresión.
“Los chicos empiezan a presentar dificultades para interpretar sus emociones y las de otros. Tenemos conductas de desinhibición, impulsividad, alteraciones del sueño, conductas depresivas, toma de decisiones riesgosas, problemas de aprendizaje, poca flexibilidad cognitiva”.
Durante el webinar, Elsa García, presidenta de la Fundación Basak, especializada en la atención y prevención de adicciones, desmintió que la ‘rebeldía’ provoque el consumo, sino que niños, niñas y jóvenes lo hacen por una normalización, pertenecer a algún grupo social o problemas emocionales.
“Imagínense una agrupación de jóvenes, lo ven y le ofrecen como solamente una probadita, no te va a pasar nada. Y si como adultos les decimos, ‘tu primera borrachera yo te la voy a enseñar, yo te la voy a supervisar, voy a enseñarte a tomar para que no te vean la cara”.
Las familias son la principal contención para evitar este consumo temprano, con una presencia real, un diálogo que conecte con los menores y el establecimiento de límites, afirmó la especialista.
“La familia es como un escudo, la evidencia es clara. El factor protector más fuerte no es ni el dinero, no es la escuela, no es una buena educación, no es el entorno, es el vínculo que tenemos con la familia”.








