Una de las principales causas de los conflictos vecinales en la Ciudad de México es la apropiación indebida de áreas comunes en edificios y condominios. Según la Procuraduría Social de CDMX (PROSOC), es la tercera queja más común, rompiendo la convivencia y generando consecuencias legales serias.
En la emblemática Unidad Habitacional Tlatelolco, donde existen casi 12 mil departamentos, residentes señalan que la obstrucción de patios, pasillos y escaleras es un problema histórico que ha escalado a confrontaciones físicas, por los riesgos ante un eventual sismo.
“Sí, llegamos a tener conflictos, ponían muchas plantas. Hubo un problema con unos vecinos, con unas macetas, inclusive por tener las macetas ahí se agredieron a macetazos y ponían las bicicletas; y para los temblores eso generaba un problema porque había una persona en silla de ruedas”
“Todos los pasos deben estar libres, de por sí las escaleras son chiquititas, ya son espacios muy viejos”, compartió a 88.9 Noticias la señora Teresa, quien vive en un edificio pequeño de la segunda sección.
Muchos habitantes también son comerciantes ambulantes afuera de los deportivos y escuelas de la unidad, por lo que suelen dejar los diablitos para trasladar la mercancía en los pasillos.
Como en otras partes de la ciudad, las bicicletas eléctricas invadieron las zonas peatonales. Por si fuera poco, ante los índices de robo, muchos optaron por estacionarlas dentro de los edificios, generando la molestia de otros vecinos.
“Aquí hay muchos que meten así sus motos y los amarran en las entradas de los edificios. El problema es que ya no caben, ya no caben las motos”
“El problema es en la madrugada-en la noche, si hay un sismo, sale mucha gente de la tercera edad”, señaló el señor Efrén que vive en la tercera sección.
Tras un recorrido, 88.9 Noticias observó el interior de algunas entradas con hasta cinco vehículos eléctricos y motorizados estacionados en el área común.
Sin embargo, hay quienes lograron llegar a un acuerdo, gracias a la buena comunicación entre los residentes. Es el caso de un vecino del edificio Batallón de San Patricio:
“Se habló con los vecinos. Mandó a poner unas rampitas, pone sus rampitas y a nadie nos estorba […] A él ya le habían robado y su costo (de la moto) es muy alto”
“Él nos ha puesto las cámaras, precisamente, para evitar que gente entre aquí”, contó la señora Gloria, administradora de la entrada A.
¿A qué instancias recurrir?
De acuerdo con la maestra en Derecho por la UNAM, Isela Sánchez, cuando no se puede solucionar un conflicto vecinal mediante la administración del condominio, ente encargado del cumplimiento de las normas, existen varias instancias. Si no se quiere llegar a un juicio, se puede presentar una queja ante la PROSOC, que cuentan con mediadores profesionales que, sin ningún tipo de costo, citarán a los generadores de conflicto y se llevará a cabo un proceso conciliatorio.
La otra opción es acudir a los juzgados cívicos para solicitar la intervención de un facilitador para que lleve un convenio para solución del conflicto:
“Esto, a diferencia de la conciliación que se lleva con la PROSOC, tiene un carácter vinculatorio. El convenio tiene fuerza legal, por lo que podrá reclamarse judicialmente en caso de incumplimiento. Y ya como última instancia, es interponer una demanda civil, basado en la Ley de Propiedad de Condominio”
“Como recomendación antes de acudir a la instancia que se decida, hay que tener claro cuál es el hecho que nos está afectando. Hacer un relato que indique las circunstancias de tiempo, modo y lugar del hecho y tomar evidencias de ser posible”, explicó en entrevista.
Algunas evidencias pueden ser fotografías y videos, así como de intentos de conciliación, como escritos a la administración y minutas de reuniones.
Dentro de la Ley de Cultura Cívica de la CDMX se contemplan sanciones como:
- Amonestación
- Multa
- Arresto
- Trabajo en favor de la comunidad


