Estudio propone replantear la forma de medir la calidad de vida.
Para las y los mexicanos, vivir bien no depende principalmente del dinero, sino de contar con alimentación suficiente, relaciones comunitarias sólidas y redes de apoyo. Así lo concluye una investigación encabezada por el integrante del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana, Óscar A. Martínez-Martínez, publicada en el International Journal of Community Well-Being.
El estudio, realizado a partir de entrevistas en comunidades urbanas, semiurbanas y rurales de la Ciudad de México, Estado de México, Oaxaca y Tamaulipas, encontró que el bienestar objetivo ocupa el primer lugar en la percepción de las personas. En esta dimensión, la alimentación suficiente y nutritiva es el factor más importante, seguido por la educación, la calidad de la vivienda y el acceso a actividades culturales. En contraste, el ingreso económico e incluso el empleo tienen un peso menor al momento de definir qué significa vivir bien.
La investigación también identificó que el bienestar comunitario tiene una relevancia mayor a la satisfacción personal. La confianza entre vecinos, la solidaridad, la organización comunitaria y las redes de apoyo fueron consideradas por las personas entrevistadas como elementos determinantes para alcanzar una buena calidad de vida, por encima de varios indicadores individuales utilizados habitualmente para medir el bienestar.
El equipo de investigación señaló que, en México, medir únicamente el ingreso o la satisfacción con la vida resulta insuficiente para conocer el bienestar real de la población. Por ello, propuso incorporar variables relacionadas con el capital social, la calidad de los barrios, los espacios públicos y las redes de apoyo comunitario en los instrumentos que utilizan las instituciones para evaluar las condiciones de vida.
Martínez-Martínez destacó que el bienestar también depende del entorno en el que viven las personas. “Una persona puede mejorar sus ingresos, pero si vive en un entorno inseguro, aislado o sin redes de apoyo, difícilmente experimentará un verdadero bienestar”, señaló. El estudio concluye que las políticas públicas deben replantear la forma en que México entiende, mide y promueve el bienestar social.








