Aunque aún se discute si el uso de WhatsApp podría ser considerado una adicción, Erika Villavicencio Ayub, coordinadora de Psicología Organizacional de la Facultad de Psicología, de la UNAM, reconoció que la dependencia a esta red social en los jóvenes, ha avanzado a niveles alarmantes.

La académica indicó que existen indicadores que pueden tipificar el uso de la red social como una adicción, como son el uso que se le da a la aplicación y las conductas que acompañan a dicho uso

Estos comportamientos están asociados a mentir respecto al número de veces que se emplea, presentar alucinaciones o vibración fantasma o bien presentar estados de ansiedad cuando se baja la pila del celular.

Advirtió que la dependencia a esta aplicación puede alcanzar niveles críticos cuando el individuo se aísla y baja su rendimiento en el trabajo o la escuela.

El individuo puede llegar a sentir malestar emocional proyectado en conductas disfóricas, insomnio, irritabilidad, aburrimiento, soledad, ira y nerviosismo, entre otros, cuando se ve impedido a usar esta herramienta.

El adicto sufre negligencia y falta de autocontrol, acompañado de intolerancia y una necesidad de dosis cada vez mayores para obtener los efectos deseados.

Ejemplificó que el uso de esta aplicación ha incrementado la tasa de accidentes vehiculares porque la gente se distrae al momento de manejar y ver la red al mismo tiempo, o bien, los peatones se ponen en riesgo al cruzar las calles mientras contestan un mensaje.