En el siglo XIX se promocionó un substituto para evitar que, decía la publicidad, “la sangre de los esclavos llegue a tu mesa”. ¿De qué estamos hablando?

Se comenzó a promocionar el jarabe o miel de arce (maple) de Canadá y Estados Unidos como una alternativa al azúcar de caña, la cual era trabajada por los esclavos africanos en plantaciones americanas.