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Dicen que es culpa nuestra. Algo pasa durante nuestra hora de comida y la ciencia ha comprobado que no tiene que ver con un pecado capital. ¿De qué estamos hablando?

El decir que “siempre hay espacio para el postre” es una realidad científica. El azúcar reacciona con las células del estómago haciendo que éste se expanda a pesar de haber comido en exceso.

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