Cada 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Niña.

El objetivo es reconocer sus derechos y crear conciencia sobre su situación en el mundo, sus problemas y las dificultades que enfrentan.

Este año, la Organización de Naciones Unidas pretende resaltar que en situaciones de crisis, las niñas siguen siendo una fuente de poder, energía y creatividad, pero, al mismo tiempo, se encuentran entre los grupos más vulnerables y frágiles.

Por ello, el lema de este 2017 es “Empoderar a las niñas: antes, durante y después de las crisis”.

En el mundo hay mil 100 millones de niñas; la mayor parte de ellas están en desventaja y sufren discriminación de género, pero las que viven en entornos de crisis sufren más.

De acuerdo con la Organización No Gubernamental “Plan Internacional”, en el mundo hay 62 millones de niñas en edad escolar que no van a la escuela.

Además, la mayoría de los 600 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años que no están escolarizados, no tienen formación o empleo son mujeres; de ahí que también sean mujeres 60 por ciento de los 572 millones de trabajadores que viven por debajo del umbral de la pobreza y tengan que realizar trabajos sin seguridad y con poca o nula remuneración económica.

En un contexto de desastres naturales, crisis humanitarias o conflictos, las niñas tienen 2.5 más posibilidades que los niños de no ir a la escuela.

Se calcula, también, que 3 de cada 4 personas que tienen que abandonar su hogar por conflictos o crisis son mujeres y niños, enfrentándose a mayores riesgos de sufrir violencia sexual y de género.

De acuerdo con ONU Mujeres, 50 por ciento de las agresiones sexuales mundiales las sufren niñas menores de 16 años y se estima que 150 millones han sufrido una violación o alguna otra forma de violencia sexual, es decir, 1 de cada 10.

Otro de los grandes problemas a los que se enfrentan las niñas es el matrimonio infantil. Alrededor de 15 millones son forzadas a casarse o permanecer en una unión, lo que supone, que 41 mil niñas son obligadas a contraer matrimonio cada día.

Por mencionar un ejemplo, en los países en desarrollo, más del 30 por ciento de las niñas se casan antes de los 18 años.

A esto se suma que en el mundo hay 200 millones de mujeres y niñas a las que se les practicó la mutilación genital femenina y más de 30 millones están en riesgo de sufrirla en los próximos 10 años, según datos de la Organización de Naciones Unidas.

La mitad vive en tres países: Etiopía, Egipto e Indonesia.

Esta práctica, que afecta cada año a más de 3 millones de niñas y que responde a factores culturales, religiosos, sociales y comunitarios, supone una grave violación de los derechos de las niñas y mujeres de todo el mundo.

Además de ser una experiencia traumática, esta operación se realiza sin las mínimas condiciones de higiene, ya que se utilizan cuchillas u otros instrumentos cortantes sin esterilizar, sin ningún tipo de anestesia o sólo con pastillas para aliviar el dolor.

Esto, sin tomar en cuenta las consecuencias físicas inmediatas, como hemorragias, infecciones o tétanos; así como las permanentes, que van desde la dificultad para orinar hasta infecciones crónicas, infertilidad, fuertes dolores durante las relaciones sexuales, dificultades en el embarazo y en el parto.

El aborto selectivo por sexo es una práctica frecuente en distintos países del mundo, sobre todo en el sudeste asiático. Motivadas por la preferencia de hijos varones, muchas familias deciden interrumpir el embarazo al enterarse que el feto es de sexo femenino. China, India y Vietnam están entre los países con más casos de abortos selectivos a nivel mundial.

En México, de acuerdo con datos de la Encuesta Intercensal 2015, que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen 19.4 millones de niñas y adolescentes menores de 18 años.

Dos de cada 100 niñas de 6 a 11 años no asisten a la escuela; 18 por ciento de las adolescentes de 16 y 17 años declararon que no terminaron la secundaria o cuentan con un grado escolar inferior.

A esto se suma que una de cada 10 niñas y adolescentes que hablan lengua indígena no asiste a la escuela.